Los niños se adaptan mejor a la enfermedad que los adultos

sábado febrero 23rd

Enfrentarse a un cáncer en la infancia no es fácil ni para los niños ni para los padres, sin embargo, los pequeños tienen una gran capacidad de sobreponerse a situaciones de adversidad y funcionar con normalidad.

En los primeros momentos de la enfermedad podemos observar diferentes reacciones emocionales, que se van a expresar de acuerdo a su edad y nivel madurativo, que varían desde ansiedad de separación, miedo a los procedimientos médicos y al dolor, incertidumbre y comportamientos regresivos o problemas en el sueño. En adolescentes es frecuente observar vergüenza por los cambios en la imagen corporal, tendencia al aislamiento social o problemas de identidad.

Lejos de lo que puede plantearse, estas reacciones se consideran normales y adaptativas asociadas a los cambios producidos por la enfermedad y los tratamientos, que van disminuyendo a medida que los niños se van familiarizando con la nueva situación.

“Una vez que se han alcanzado unas tasas de supervivencia y curación óptimas en oncología pediátrica, es importante y necesario atender al bienestar del niño y de la familia, en las diferentes áreas de su vida, incluidas la psicológica, social y educativa, tal y como se recogen en los estatus europeos de atención en oncología pediátrica en 2009 por la SIOP Europa (Sociedad Europea de Oncología Pediátrica). Lo que se persigue es prevenir las respuestas  psicopatológicas, favorecer la adaptación, lograr la mayor colaboración por parte de los profesionales sanitarios. Todo ello para favorecer el afrontamiento en el niño y en la familia” puntualiza Dra. Ana Sanz, psico-oncóloga y neuropsicóloga de IMOncology FUNDACIÓN.

Una edad, una forma de afrontar la enfermedad

La edad y la madurez cognitiva son factores determinantes en la manera de comprender la enfermedad y de reaccionar por parte del niño. Para cada etapa evolutiva podemos establecer:

En general, el niño de 0 a 2 años.

  • Responde al dolor y al malestar físico.
  • No tiene capacidad para comprender la enfermedad.
  • Siente miedo y angustia, en especial con la separación de los padres.

 

De los 2 a 7 años

  • Entiende lo que es estar enfermo.
  • Ligan la enfermedad a algo concreto, a accidentes o a un mal comportamiento o pensamiento.
  • Percibe e interpreta los cambios que se producen en su entorno familiar.

 

De los 7 a 11 años

  • Presenta una mayor compresión de la enfermedad y de la relación entre los procesos internos y externos del organismo.
  • Relaciona los síntomas, tratamientos y consecuencias
  • Muestran Interés por los cambios en su cuerpo y miedo a la mutilación corporal

 

El niño mayor de 11 años

  • Es capaz de entender la complejidad de su diagnóstico y tratamiento

Según explica la Dra. Ana Sanz, psico-oncóloga de IMOncology FUNDACIÓN, “Cada etapa en el niño tiene unas necesidades específicas a la hora de aportar la información sobre la enfermedad, y ajustarnos a ellas les va a ayudar a afrontar la enfermedad. Cuando son menores de dos años no comprenden lo que les ocurre y lo más importante es la presencia de sus padres; entre los 2 a los 7 años, hay que darles explicaciones sencillas sobre lo que les ocurre y sobre lo que se va a hacer. Otra forma de ayudar a adaptarse es colaborar que su vida no sufra demasiados cambios, adaptando mejor sus horarios de citas y consultas, utilizando el juego como parte de la relación con ellos y como elemento para potenciar el bienestar. Entre los 7 a los 11 años ya podemos dar más detalles sobre cuáles serán los procesos y cambios que experimente su cuerpo, ya que empiezan a ser más conscientes de la enfermedad, de los efectos secundarios de los tratamientos y les dan más importancia a los cambios físicos. Por último, a partir de los 11 años son capaces de entender perfectamente la complejidad de su diagnóstico y tratamiento, por lo que los adolescentes pueden demandar información e incluso proteger a sus progenitores. En todo momento, debemos preservar la intimidad de pacientes y familiares, comprender la complejidad de la situación que están viviendo y ser accesible a aportar información, que será: clara, honesta y concisa y se aportará en los tiempos y espacios adecuados”.

Los padres, también necesitan atención.

El impacto que genera el cáncer de sus hijos en la familia es evidente ya que lo perciben con temor e incertidumbre, además de experimentar sentimientos de vulnerabilidad, tristeza, temor a los efectos secundarios, elevados niveles de ansiedad y tendencia al aislamiento social.  Pero su papel es clave para la adaptación a la enfermedad y el afrontamiento de sus hijos.  De ahí que haya que procurar bienestar emocional también a los padres. Por este motivo, los profesionales sanitarios deben considerar a los padres como parte del tratamiento y ayudarles también en la adaptación a la enfermedad.

Para Ana Sanz, una de las claves para favorecer la adaptación a esta situación difícil está en la comunicación tanto con el niño como con los padres. Los padres son un elemento clave en el proceso de comunicación y de aportar información. Es necesario conocer las emociones que experimentan ya que pueden interferir en el nivel de comprensión y dejar la posibilidad de expresar y resolver dudas, así como aclarar información cuando lo necesiten. Además, debemos animarles a que durante el proceso de enfermedad y tratamiento de sus hijos no se aíslen y busquen apoyo social y familiar, ya que tiene un efecto positivo en su calidad de vida.

Durante el curso Progresos en cáncer infantil: el valor de la radioterapia precisa, que se celebró en Madrid los días 23 y 24 de marzo, se han abordado las repercusiones  psicológicas  derivadas del tratamiento radioterápico.


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